Tuesday, October 28, 2008
025.- AGUA BAJO EL PUENTE 1ª parte.-
Mucha agua ha corrido bajo el puente. Eso pasa cuando se deja de escribir por más de un mes… Pero no ha sido un mes malo sino más bien sabroso, en lo personal, pero cada vez peor en lo público. Vamos a esto último, para comenzar… (Sonó raro eso no?).
Tenemos varios puntos:
- Salud y VIH
Vergüenza, sencillamente eso es lo que debería tener el aparato gubernamental por el caso de los infectados de VIH en el norte. Para aquellos que no se ubican muy bien de qué se trata, básicamente es que al menos 25 personas, por exámenes realizados en el hospital de Iquique (ente público dependiente del ministerio de salud), fueron detectadas positivas en VIH, es decir, tenían SIDA. Es obligación del Minsal (ministerio de salud y sus organismos dependientes) ubicar a estas personas y comunicarles su condición.
Si bien es cierto la ley regula que el informe de positivo de VIH es un asunto reservado y de entrega personal, no es menos cierto que la propia ley dispone que en caso de que el paciente no pueda ser informado de modo permanente (entiéndase no está en sus cabales o no puede ser habido) esta información debe ser dada a los familiares o representante legal. La ministra ha querido desentenderse de la clara intención de la ley arguyendo el tenor literal. Cualquiera que sepa algo de exégesis legal sabe que el Código Civil, en su art. 19 dispone que “cuando el sentido de la ley es claro, no se desatenderá su tenor literal a pretexto de consultar su espíritu”; ahora bien, claramente el sentido de la ley es PROTEGER TANTO AL ENFERMO COMO A LA SOCIEDAD TODA. Sustentar que como no se le pudo comunicar al paciente, la confidencialidad impide informarlo a la familia o representante es torcer el sentido claro de la ley, es decir, incurre en la misma falta prevista en el art. 19 del CC pero en sentido inverso, al extremar el sentido literal desatendiendo el sentido.
Ahora bien, y como ha sido la tónica de este gobierno cada vez (y no son pocas) que ha debido salir a dar explicaciones, dichas explicaciones rozan lo absurdo, el sin sentido, el justificar permanentemente con errores ajenos… no creo recordar alguna ocasión en que el gobierno haya dicho, si, nos equivocamos, fue una mala idea. Etc etc etc. Alguien me dirá, jamás un gobierno debe reconocer que se equivoca porque es darle armas a la oposición. Si, es cierto, es darle armas a la oposición, armas que nacen no de reconocer errores sino que nacen de no hacer las cosas bien. Ese es el centro del asunto. ¿Va el gobierno a responder por quienes hayan sido infectados de SIDA por estos portadores que no sabían que lo eran?, no, dirán “lo sentimos mucho” (gran consuelo), “la gente sabe que la sexualidad debe ser ejercida con responsabilidad” (menuda frase que sirve mucho para una esposa que no sabe que su marido le fue infiel), y así suma y sigue.
El domingo 19 de octubre tuve la oportunidad de ver a la Ministra Sra. Barría en Tolerancia Cero. Fernando Villegas expuso directamente lo que el sentido común dicta para un caso como este y la Ministra lo único que hizo fue exponer argucias y filigranas que dejaban a la vista una clara intención de “sacarle el poto a la jeringa” (mejor metáfora para la ministra de salud imposible); no se puede justificar tamaño error con explicaciones de procedimientos, contramuestras y demases.
Finalmente no le quedó otra alternativa al Gobierno que reconocer errores, aunque el Ministro Vidal no dijera que se demoraron más de lo que era correcto; debió reconocerlo públicamente la propia Ministra, hacerlo en compañía del Subsecretario de Redes Asistenciales, que como se ha sabido debió enfrentarse directamente al querer hacerlo chivo expiatorio, revelando que detrás de todo este lío nuevamente vuelven a aparecer los operadores políticos, los amigos designados en los puestos, el salvar el pellejo antes que hacer las cosas bien por Chile y no por el partido (felicitaciones Ricardo… diste la cara y enfrentaste a quienes están atornillando contra lo correcto).
Es de esperar que esta vez la ciudadanía sepa hacer valer la responsabilidad política que tienen los políticos denunciando a los sanguijuelas que cada vez más abundan en el aparato estatal.
- Tony Manero
Esto no es de mucho interés público sino más bien un desahogo personal. No pido que me devuelvan la plata (mal que mal nadie me obligó a entrar al cine a verla), pero al menos podrían dar una disculpa pública los críticos que tanto encumbraron a este bodrio. Pido disculpas a quien se pueda sentir ofendido con esta calificación pero esa es mi sensación y es tan válida como la de otro.
Seguramente aparecerá (si es que eventualmente y por mala suerte llega a este blog) alguna persona vinculada al cine y me podrá decir que “de qué hablo si yo no conozco cómo y cuánto cuesta hacer cine en Chile… que es fruto de muchos esfuerzos… etc etc etc); seguramente tiene razón y mi capacidad de “crítico de cine” es muy básica, demasiado influenciada por el “cine comercial y desechable” de EE.UU. Dado ese razonamiento, y que he visto que mi punto de vista es bastante compartido, sugeriría que este tipo de “piezas del séptimo arte chileno” se divulguen en un circuito ad-hoc, es decir, entre gentes de gusto superior… PORQUE SI SE DIFUNDE DENTRO DEL CIRCUITO COMERCIAL DEBEN ESPERAR QUE QUIENES SOMOS ESE PUBLICO OPINEMOS. Si entras al juego, acepta las reglas. Sencillo.
Ahora bien, ¿por qué es un bodrio?
Una película con escasos diálogos conexos. Demasiadas escenas con “silencios o pausas dramáticas”. Alguna pretensión de cercanía (¿inspiración o presunción?) a Taxi Driver (la escena de Alfredo Castro frente al espejo vestido de blanco ensayando…. demasiado evidente). Una escena de sexo al comienzo muy mal hecha, sin gusto a nada (que puede ser la intención y es válido) pero que no tiene ninguna justificación de la extensión que tiene… no le aporta nada al desarrollo de la película (por cierto… si era prótesis está muy mal hecha). Del mismo modo, se quiere contextualizar el filme en el entorno de la dictadura (ya, no se sientan mal los que le llamen gobierno militar… mal que mal ya sabemos de cuándo estamos hablando); hechos que nos sitúan dentro de la época: - un camión de militares que pasa por la calle y Castro se esconde, cosa que pasa hasta el día de hoy cuando tenemos catástrofes como terremotos, asonadas militares, graves protestas sociales o gobiernos medianamente autoritarios como sucedía en México por años de años. Un auto civil se detiene y apresa a un sujeto, lo bajan al río y luego de interrogarlo por una imprenta lo matan, hecho que perfectamente sucede en países como Colombia con los carteles de la droga, en España en la lucha oscura contra ETA durante los ’80, y muchísimos países hasta hoy por parte de la policías secretas (que alguien me diga dónde está el cuerpo de Jimmy Hoffa… y eso que es la mayor democracia del mundo). Panfletos contra Pinochet… nosotros sabemos quién era Pinochet, extranjeros de más de 30 años pueden saber quién fue Pinochet, pero un joven de 20 años, que vive en Arkansas, Delaware o Puebla y Ciudad de Guatemala (la película fue distribuida en EE.UU.) no va a saber nada, no va a encontrar gran diferencia con lo que son las protestas en Centro América u otras partes del mundo (baste recordar la democracia argentina y su pueblo contra Fernando de la Rua). Otro aspecto. En ningún momento queda del todo claro si el tipo que interpreta Alfredo Castro es un tipo medianamente desquiciado y algo psicópata (que me disculpen los siquiatras que saben distinguir mejor que yo) o simplemente un delincuente estúpido e imbécil pero con gran sangre fría y dudosos gustos y preferencias.
En definitiva, un nulo aporte al cine chileno que, trágame tierra, fue postulado al óscar a la mejor película extranjera (la postulación debe contar con el beneplácito del Gobierno… algo así como un auspicio). CAUSA EXTRAÑEZA Y DECEPCIÓN TODO ESTO CUANDO, A LA SEMANA SIGUIENTE UNO VE “EL REGALO”, una joyita de película, sin mayores pretensiones que exponer una realidad, con actores en actuaciones sobrias pero reales, de gran nivel y excelente calce (o sea un película redondita) (me recordó otra joyita como fue “La Luna en el Espejo”).
- Lagos, ¿ser o no ser?
Todos los que me conocen saben que soy militante de la Democracia Cristiana (aunque algunos hoy me pregunten para qué sigo y mejor no renuncio); también saben que soy de los “chascones”, el ala izquierda del PDC (debo ser el único y mas encima inorgánico, jajajaja). Con estos antecedentes (casi prontuario, lo sé), es que el año 1989, en la interna, apoyé a Gabriel Valdés, el año 1993, en la interna frente a Andrés Zaldívar, apoyé a Eduardo Frei R-T. Hasta ahí todo conectado y bien. El año 1999, en la primaria de la concertación se enfrentaban Andrés Zaldívar y Ricardo Lagos; apoyé con toda mi fe a Lagos, frente a lo que era una histórica indefinición y ambigüedad de Zaldívar y su grupo interno. La dureza de Lagos, su rigor expositivo, incluso su prepotencia (que para mí era la fuerza del que tiene la razón). Todo Chile se enorgulleció de su firmeza ante Bolivia (el famoso “ofrezco relaciones aquí y ahora”), frente al paro de los micreros, y así muchos episodios que nos hicieron sentir que estábamos ante un Estadista… después vimos que de todos modos fue víctima (para algunos fue cómplice) del cuoteo partidario; tomó malas decisiones al elegir a muchos colaboradores, terminó, como les pasa a muchos (aunque no es excusa pero sí una explicación) perdiéndose en las nubes del poder. Su papel como ex-presidente fue al principio bastante honorable, guardando un respetuoso silencio que no entorpeciera el debut de una mujer en la primera magistratura. ESE SILENCIO DEBIO TERMINAR cuando se desató la crisis del Transantiago, apoyando al gobierno en forma de asumir lo que fueran sus responsabilidades (aunque mal que mal, si la cosa se veía mal era tan simple como no echarlo a andar y volver a postergarlo hasta que se tuviera la certeza de que funcionaría y esa parte es exclusiva responsabilidad de la Sra. Presidenta). Lo mismo con otras cosas. Pero, y sin querer excusarlo ya que a mí también me molestó, podría uno entender que guardara silencio hasta que pasara la tormenta y luego mostrarse públicamente y enfrentar las críticas con la asertividad que siempre demostró, pero lo que ocurrió fue distinto. Eso hoy ya le granjeó un descrédito como posible candidato al perder crédito como Presidente. Se esperaba otra cosa de él. Lo mejor que puede hacer es redignificarse como Ex-Presidente asumiendo un papel de opinador desde las alturas de la experiencia. Eso tal vez sea una mejor actitud que le reinvente ante la ciudadanía y ante él mismo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario