Tuesday, December 18, 2007
011.- DEMOCRACIA CRISTIANA
Hace tan sólo unos días cumplí 38 años; firmé mi ficha de ingreso como militante de la Democracia Cristiana a los 17 años, es decir hace ya 21 años, cuando aún en Chile estábamos bajo la dictadura de Pinochet. Cuando firmé esa ficha lo hice porque sentía que era mi deber y compromiso con el país, con su gente, con sus dolores y su sangre, pero aún mas por honestidad conmigo mismo, por mis ideales que se sentían representados en el personalismo de Emmanuel Mounier y el humanismo cristiano de Jacques Maritain, en la doctrina social de la Iglesia, y todos aquellos valores que eran representados políticamente y encarnados por la Democracia Cristiana de Chile.
Triunfamos, dentro de la Concertación de partidos por la Democracia, el año 1988 derrotando a Pinochet, el ’89 instalando a don Patricio Aylwin en el Palacio de la Moneda, triunfando con Eduardo Frei Ruiz-Tagle el año ’94 y cediendo a un socialista, a mi entera satisfacción y con un voto lleno de fe y convicción, el año 2000, el Presidente Ricardo Lagos Escobar.
A todo lo anterior no se puede no mencionar los grandes avances sociales que en aquellos tiempos se introdujeron a un Chile decimonónico durante el gobierno de Eduardo Frei Montalva.
Sin duda fuimos un gran partido, lo fuimos y los somos. Fuimos un partido de avanzada social cristiana, y lo somos. Fuimos un partido de ideas y doctrina, ¿hoy lo somos?, creo que no. El poder “maleó” la sangre y la altura nos mareó e hizo perder el norte.
Crisis grandes hubo pero de un modo u otro fueron crisis que demostraron que éramos un partido donde se pensaba, el pensamiento evolucionaba, nacían nuevas doctrinas y de ello fueron fruto el MAPU y la Izquierda Cristiana. Hoy en cambio es lamentable que los orígenes de esta crisis sean sin mas ni mas las meras ambiciones personales, los porfiados orgullos y las inspiraciones mesiánicas y caudillistas. Es decir, es una crisis de cuarta categoría con efectos de primera, precisamente por la propia falta de visión de quienes la están liderando, por lado y lado.
Desde los albores de la concertación, cuando se estaba unido por la democracia y luego por el no, e incluso de antes, Adolfo Zaldívar ha sostenido una tesis de crear un referente exclusivamente de centro, donde figure como eje la DC y como “sider” el entonces Partido Radical. Tiempo después esa idea se convirtió en el concepto de “la concertación chica”, que fue rechazada de plano por los entonces líderes de la concertación de partidos por el no.
Ya desde esa época que Adolfo mostraba su, por llamarla de alguna manera, aversión al mundo socialista o que tuviere algún tinte o resabio de participación en la Unidad Popular de Salvador Allende. Jamás ha gustado de los socialistas ni tampoco de aquellos demócrata cristianos que adscribimos a una corriente interna denominada “los chascones”, de tendencia centro izquierdista en la cual participaban entre otros don Gabriel Valdés, Mariano Ruiz Esquide, Yerko Ljubetic, Felipe Sandoval, Andrés Palma y muchos otros que en este momento olvido.
Uno puede estar en desacuerdo con los lineamientos puntuales de un acuerdo pero acatarlos en un marco en virtud de un bien superior. Pues eso lo había hecho don Adolfo hasta que llegó el Presidente Lagos a la Moneda. Fuimos testigos como él y sus adherentes torpedearon constantemente las iniciativas provenientes del ejecutivo, se criticó todo, lo que tuviera el logo de palacio. Cuando se hubo de votar se alineó, a regañadientes, pero lo hizo y el país avanzó. Hoy sabemos que hubo errores y tenemos críticas profundas al gobierno del Presidente Lagos, pero siempre dentro del debido respeto y acotando las responsabilidades sin meterlos a todos dentro de una sola bolsa. Tal vez al Presidente Lagos se le pueda criticar la soberbia o extrema confianza en equipos que no fueron del todo eficaces o capaces, pero jamás la maldad que el propio senador Zaldívar ha insinuado. Cuando llegó el tiempo de las candidaturas para suceder a Lagos, la opción, no la mía, era apoyar a la candidatura mas natural y lógica de Alvear para enfrentar a la otra candidatura, que tampoco era la mía, de Bachelet. Pues él, mesías, caudillo y salvador, a la sazón presidente del partido (aún no me explico cómo), se alza como precandidato de última hora, haciendo la guerra interna a Alvear, quien le derrota ampliamente; luego de esto, el apoyo a la candidatura oficial de la Democracia Cristiana, Soledad Alvear, es NULO, e incluso hay voces que abandonan su campaña o le hacen juego en contra. Conclusión de toda aquella deslealtad es que finalmente Soledad debe abandonar su candidatura, de modo tal que Bachelet queda ungida como candidata única de la concertación, de este modo podemos decir que Adolfo fue quien hizo posible que Bachelet no tuviera contrincante interno. En esa candidatura de Bachelet Adolfo se yergue como adalid de ella, de su plan de gobierno, su principal escudero, esperando poner a sus hombres en palacio y ministerios, ello no ocurrió y posteriormente a ello pierde la interna del partido su delfín Mulet frente a la propia Soledad Alvear; consecuencia, Adolfo y sus delfines se van en contra del gobierno, del programa, de los ministerios, etc etc etc. Nuevamente se me viene a la memoria, al ver la figura de Adolfo, la frase “O YO O EL CAOS”.
Hoy Adolfo está con un pié fuera de la Democracia Cristiana, para el bien suyo y del partido debo decir; espero que la expulsión se haga efectiva, de este modo la Democracia Cristiana podrá avanzar nuevamente a colaborar al desarrollo del país y él podrá hacerlo desde su propia y personal trinchera; si él tiene razón, las cosas van a caer por su propio peso y su tesis salvadora se impondrá por el decisión de quienes son los verdaderos detentadores del poder, el pueblo, pero si no la tiene, pues un estorbo menos para el país. Cuando uno adhiere a un partido, las órdenes de tal no son legítimas, las órdenes de partido al menos en cuanto a las votaciones legislativas no están permitidas por la legislación chilena, pero ello no obsta a que un partido debata internamente cuál será la postura que, como bancada, se va a defender y sostener; cuando en esa instancia se pierde es deber interno acatar dicha votación democrática ya que, de otro modo se está desconociendo una instancia legítima y, por ende, debilitando la fuerza de dicho partido ante la sociedad y el sistema de fuerzas políticas y sociales del país. Adolfo hizo precisamente eso, se hizo a un lado de esa obligación democrática, dejando de lado que él fue presentado como candidato por la democracia cristiana y no es la democracia cristiana la que lo llamó para ser candidato; desconoció la legalidad interna del partido, legalidad perfectamente permitida por la ley orgánica constitucional de partidos políticos. Es Adolfo quien se apartó de lo correcto y a cada hecho se debe aceptar sus consecuencias. Por lo demás, ya es suficiente motivo incurrir en injurias y calumnias graves para pedir la expulsión del partido a alguien que le está haciendo tanto daño a la DC. El perro del hortelano, ni come ni deja comer.
Una vez expulsado Adolfo, que es lo que creo que deberá ocurrir, la DC no tiene sus problemas resueltos. Fenómenos como los de Adolfo y su enquistada influencia no son mas que una consecuencia del alejamiento de los miembros partidarios de los cánones doctrinarios que deben imperar en el actuar PÚBLICO Y PRIVADO de los militantes. Es la consecuencia de haberse convertido en un partido con vocación de poder y no ser un partido con vocación de servicio. Se busca tener puestos no soluciones. Lo que importa es estar arriba, no ser quien de las soluciones. Si la DC no cambia, tendremos un segundo partido radical y los sectores de clase media, de posiciones de centro deberán buscar un nuevo referente a quien votar porque la credibilidad de la DC no existirá.

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